Posteado por: Tiberio | 23 octubre 2007

No lo entiendo

¡Allá los muertos! Que entierren como Dios manda a sus muertos. ” Gabriel Celaya
Sinceramente, no lo entiendo.

Existe una casa a las afueras de mi ciudad, un chalet abandonado. La tierra del jardín se eleva medio metro sobre el nivel de la calle. ¿Para qué disimular?. Todo el mundo conoce el motivo y todo el mundo conoce el macabro horror que esa tierra oculta. En esa casa fueron enterradas decenas de personas durante y tras la Guerra Civil. Sus descendientes caminan por la calle, sabiendo que allí están sus antepasados, sin reconocimiento, sin enterramiento, sin dignidad. Yo no entiendo porqué esta casa todavía existe.

En un trabajo anterior, pasaba todos los días por delante de una antigua nave industrial, un antiguo telar. Este edificio fue reconvertido en carcel durante y tras la Guerra Civil. Allí fueron torturadas cientos de personas, muchas de ellas antes de ser enviadas a la casa antes citada. Mi bisabuelo fue uno de ellos. Hoy ese edificio es un taller del Ayuntamiento, nada en él recuerda su terrible pasado. Yo no entiendo porqué ni si quiera existe una triste plaquita en honor de aquellas personas.

Soy consciente de que “el otro bando” también cometió atrocidades. No se trata de una venganza. Sé que muchas personas fueron torturadas y asesinadas por los defensores del bando legal. Pero esas personas ya no reposan en casas ni en cunetas. Fueron enterradas como su Dios manda. Se les hicieron homenajes, monumentos… Muchos de ellos han sido recientemente declarados mártires por una Iglesia que piensa que así nos va a ofender. Y no entiendo porqué no acepta que nos importa tres pepinos, que sólo queremos recuperar la dignidad de los nuestros.

Si mi bisabuelo no fue enviado a la casa del horror fue, curiosamente, gracias a un cura que mintió asegurando que era buen cristiano y que iba todos los domingos a misa. No tengo complejos en reconocer algo así, porque yo no creo que sigamos siendo bandos en lucha. Yo cuando veo un cura por la calle no pienso que sea un enemigo. Me opongo a la Iglesia como institución, pero no a los católicos como personas. ¿Cómo iba a ofenderme porque consideren mártires a personas que, posiblemente, fueron víctimas de una persecución injusta? ¿Por qué pensaban que sí? ¿y por qué son incapaces de hacer una reflexión equivalente a esta?

Yo sólo quiero que desaparezcan las fosas comunes de mi ciudad. Yo quiero una placa que recuerde a la gente que, como mi bisabuelo, fueron torturados cruelmente.

Yo sólo quiero que, por fin, setenta años después, podamos enterrar, como dios manda, a esos muertos.

Y no entiendo porque hay gente que no quiere. No puedo comprenderlo.


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