Posteado por: Tiberio | 9 noviembre 2006

Sangre y agua

 

Este pequeño capítulo pertenece a una serie más amplia. Si quieres leerla desde el principio puedes empezar por el principio o si quieres recordar el capítulo anterior puedes ir a él.

Tenebra Castellum estaba sufriendo un duro asedio. Los bárbaros lo acosaban desde ambas orillas del río, pues el Tenebra Castellum estaba formado por tres grandes fortificaciones, una en cada orilla y la tercera en un islote central que formaba el río.

La blanca piedra de las murallas, procedente del este, respondía con rojizos destellos al fuego utilizado por los defensores para desconcertar a los nativos. El viento transportó hasta nosotros los terribles sonidos de la batalla, y nuestros corazones se sobrecogieron ante lo que más que ver, intuíamos. Tras unos minutos, semejantes a horas, nos acercamos lo suficiente como para comprobar la tragedia que se vivía en Tenebra Castellum. La fortaleza sur había caído en manos del enemigo. Y sus poderosas máquinas de guerra eran utilizadas para hostilizar la fortaleza norte. Los anchos arcos de piedra que unían las tres construcciones, soberbios ejemplos de la ingeniería imperial, carecían de mecanismos que permitiera destruirlos con facilidad. Y la ancha pasarela había servido a los bárbaros para acceder al bastión central donde se combatía duramente. Los negros navíos empezaron a acelerar su curso. Mis compañeros empezaron a lanzar gritos de guerra, y yo me sentí transportado por ellos. Éramos novatos, sí, pero éramos una legión completa. Una legión del Imperio. Un refuerzo que el enemigo no podría detener. Un refuerzo que decidiría la batalla a favor de la civilización. Que ingenuos éramos.

 

Los músicos empezaron a tocar sus cuernos, anunciando nuestra llegada en un esfuerzo por elevar la moral de los nuestros y sembrar el miedo en el enemigo. Por un instante, el combate pareció detenerse. Ambos bandos parecían analizar el cambio en la situación. Un grito de euforia se alzó desde la fortaleza norte y nosotros lo saludamos con grandes alaridos. Pretendíamos parecer temibles.

 

La fortaleza sur reaccionó girando sus artefactos de asedio, dirigiéndolos hacia nosotros. El castillo fue construido en tiempos de Nilo el constructor como fortín antipiratas y en sus buenos tiempos nuestra flotilla habría sido despedazada con facilidad. Pero los años de paz en el río habían perjudicado a la maquinaria. Además, el enemigo no estaba acostumbrado a utilizar aquellos mecanismos. Teníamos una oportunidad. Y estábamos decididos a apostar por ella.

 

Próxima entrega: Las frías aguas del Hefes.


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