Posteado por: Tiberio | 15 octubre 2006

La ética de la felicidad

La política exterior norteamericana es más suicida de lo que parece, y aunque a corto plazo no se ve su debilidad, a largo plazo su modelo está condenado al fracaso.

Hace ya varios meses publiqué en este mismo lugar un artículo en el que sostenía que el mejor sistema político-económico sería aquel que permita a más personas ser felices. Voy a intentar continuar avanzando en esa línea, hablando del problema de la conservación de la felicidad.

Ser feliz es relativamente fácil. Creo que todo el mundo nos hemos sentido felices en varios momentos de nuestra vida. El problema no es ser alcanzar la felicidad, el problema es mantenerla. Defenderla. Eso es lo realmente complicado.

La felicidad se ve amenazado por muchas causas. La caída de nuestro poder adquisitivo o las enfermedades son dos de las amenazas más evidentes, y por ello un buen gobierno debe luchar contra ellas. Las acciones de personas que son infelices es otra importante amenaza, porque pueden arrebatarte aquello que te hace feliz, y por ello la sociedad con más gente feliz es la sociedad en la que más posibilidades tienes tú también de serlo.

Esto nos lleva una conclusión sencilla desde el punto de vista de la ética personal. Es importante conseguir que cuanta menos gente te odie mejor, de esta forma menos gente conspirará contra tu felicidad. El orgullo es un lujo peligroso, muchas veces podrá ayudarte a defender tu felicidad, pero otras muchas te creará enemigos. Si comiéndote el orgullo consigues que alguien, por muy injusto que sea, no te odie, es sabio comérselo. La justicia no es nuestro objetivo, es la felicidad.

Extrapolemos la misma lógica a los países. Un país oprimido, conspirará contra lo que percibe como una opresión. No basta con sobornar o imponer a sus líderes, el pueblo será el que busque la forma de hacerte daño. Así le ha sucedido a todos los imperios. Fueron los tascalas oprimidos los que le dieron a Cortés la ayuda que necesitaba para destruir al Imperio Azteca, fueron los oprimidos holandeses los que descubrieron que el oro español era vulnerable a la piratería. Y fueron, digámoslo de una vez, los perseguidos pueblos islámicos los que descubrieron que los EEUU eran atacables utilizando aviones como misiles.

El ingenio humano no tiene límites. Por muy poderoso que seas, si mucha gente conspira contra ti, alguien encontrará la manera de hacerte daño. Así ha sido siempre, y así será siempre. Un gobierno sabio no debería permitirse el lujo de ser odiado por todo el planeta.

Jueves, 05 de Octubre de 2006 13:26

Comentarios

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Autor: kovak

Me ha convencido, ala a odiar a todo el mundo JEJEJE

Fecha: 08/10/2006 00:15.

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