Posteado por: Tiberio | 15 octubre 2006

Juego de Tronos en el País Vasco

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He leído algo sobre los “banderizos” vascos, que me ha mostrado que Martin no parece tan alejado de la realidad :). Existe un texto escrito durante el sXV y llamado “Las bienandanzas e fortunas”. Su autor es un tal Lope García de Salazar, señor de Muñatones y de Nograro, y escribió sobre sus recuerdos y los de su familia.Por ejemplo, nos cuentan que en el sXIII un tal Don Iñigo Vélez de Guevara estaba casado con una hermana de Don Lope González de Mendoza. Resulta que el tal Don Iñigo tenía por ahí también una amante, algo habitual en aquellos tiempos y que no debe sorprender a nadie. Pero la de Mendoza no parecía aguantar bien la querida de su marido, así que acudió a su hermano pidiendo venganza por la afrenta.

Don Lope decidió que la mejor forma de afrentar a su cuñado era ponerle los cuernos, así que violó a su hermana, al más puro estilo Lannister. No sabemos, eso sí, que opinaba la pobre mujer sobre si no habría sido mejor soportar a la querida. Hay ofensas que solo se limpian con sangre, y así ambos señores, con sus respectivos ejércitos, acabaron citándose en la sierra de Arrato, para zanjar el asunto de una vez por todas. Y se zanjó a favor de Don Iñigo, que no contento con su victoria, quiso humillar al rival quitándole el braguero y vendiéndolo en la cercana Vitoria.

Pero Don Lope había dejado un hijo que, en cuanto se hizo mozo, quiso vengar a su padre. Así acudió ante el castillo de su rival y se puso a aporrear la puerta. Cuando los de dentro supieron quien era y a qué venía acudió Don Iñigo y le dijo “Me parece justo que me queráis matar para vengar a vuestro padre, pero ésta no es razón para que me rompáis la puerta a golpes”.

Don Iñigo se preparó con parsimonia para el combate. Vistiendo su poderosa armadura, aferrando su más dura lanza y cabalgando su más fiero caballo. Dispuesto a encontrarse con su destino, salió con tanta furia del castillo que se golpeó la cabeza con el dintel de la puerta y allí mismo entregó su alma al Creador.

El hijo de Don Lope cortó la cabeza del asesino de su padre y la llevó al mercado de Vitoria, lo que no sé es si consiguió venderla.

Se habla también de un tal Lope García de Salazar, antepasado del escritor, capaz de sacarse un ejército de la bragueta. Murió dejando la nada desdeñable cifra de 120 hijos bastardos.

Pero lo más curioso es la disputa de los banderizos, que durante dos siglos ensangrentó el País Vasco en una guerra intermitente basada en afrenta sobre afrenta. Los banderizos fueron dos grupos de nobles (los oñacinos y los gamboinos) que se dedicaban a hacerse “putaditas”. Un poco al estilo de “Villarriba” y “Villabajo” pero entre vascos y en la Edad Media. Así que podéis haceros una idea de como eran las “putaditas”

No estaban los dos bandos divididos geográficamente, sino que los encuentras a ambos repartidos por las tres provincias. En tiempos tan revueltos, las distintas familias nobles no eran las únicas protagonistas de los combates, y así nos cuenta el texto que los burgueses de Vitoria estaban cansados de la casa de Abendaño (líderes del bando gamboino de Vizcaya, aunque su feudo principal estaba junto a Vitoria). Tan hartos estaban que un día destruyeron su castillo, matando a toda la familia Abendaño salvo un niño, Pedro Ortiz de Abendaño, que fue salvado por su ama. El niño creció y por acuerdo de los de Vitoria, fue ordenado clérigo y arcipreste de alaba. Si se pretendía de esta forma destruir la familia Abendaño, de poco sirvió, ya que el arcipreste tuvo un hijo que recuperó gran parte del poder de su familia.

No eran los nobles de aquella pequeños señores sin importancia, como se demuestra con la campaña organizada en 1321 por el Reino de Navarra, para acabar con las correrías que provocaban en sus territorios los desbocados señores guipuzcoanos. La expedición fue emboscada y machacada. Desde entonces hasta el sXV, los señores de Guipúzcoa siguieron saqueando y hostilizando a sus vecinos navarros apenas sin oposición.

Hubo espacio para las caballerosidades, aunque tampoco muchas. Así se nos cuenta que un tal Pedro López de Amézqueta casó con la heredera del señoría vasco-francés de Samper. El padre de su nueva esposa, el que habría sido su suegro de seguir vivo, había sido muerto por los Ezpeleta, y eso es algo que debía ser vengado. Así que se dedicó a lanzar injurias y desprecios a la casa Ezpeleta hasta que un tal Velche de Ezpeleta, su mejor espada, se le acercó y, como el que te invita a tomar un café, le dijo “Si a vos plugiese que nos probemos vos y yo, hasta que uno de nos, o ambos por ventura, muramos, a mi me placerá mucho.” Y le plació, le plació al Amézqueta, que además salió victorioso del lance.

A veces los desafíos eran de familias enteras, lo cual podía provocar desastres. Como le sucedió a Sancho López de Galarza, cuyos tres hijos murieron uno al lado de otro. Al hombre le pareció lo más normal del mundo “pues muerto mi hijo mayor no podían hacer menos sino morir cerca sus hermanos.

La Corona, intervenía periódicamente en estos asuntos, pero, antes del sXV, con escasos resultados. Así por ejemplo, en 1317, un tal Juan Martínez de Oñaz emboscó y mató a sus rivales Juan Martínez de Balda, junto a su hijo Pedro. Pero el de Balda era merino mayor de Guipúzcoa, y se enjuició al de Oñaz. Salió inocente el encausado, pues alegó ignorar que se tratara de un merino. El pobre no lo sabía, creía que mataba a gentes sin importancia alguna.

Más parecida a la historia de la boda de los Gemelos, nos resulta una invitación que la casa de Ibargüen realizó en 1330 a Juan Ruiz de Zaldívar y quince de sus hombres. Durante la comida alguien pidió “¡Sal, sal!” y salieron cincuenta hombres escondidos, dando cuenta de Zaldívar y sus acompañantes. Desde entonces, la siempre imaginativa mentalidad vasca creo la costumbre, cada vez alguien pedía sal, de decir “pero que no sea la de Ibargüen”.

También a traición mató por la espalda Juan de Abendaño a su primo Pedro Ortiz de Abendaño, porque, aún siendo más joven, mandaba más que él, el muy cabrón.

Pero lo que más le gustaba a los banderizos era sorprender a sus rivales. Yo me los imagino reunidos en torno al fuego y comentando “¿Te imaginas la cara que van a poner?, ja, ja”. En 1370 Juan López de Gamboa le gastó la broma a Gonzalo Ibañez de Marquina de quemarle la casa con él, sus dos hijos y ocho de sus hombres dentro. No era raro esto de la quema de casas con gente dentro, así Fernando de Gamboa hizo lo mismo en 1420 con Unzueta y doce de sus hombres. Pero la noche más movida de Fernando de Gamboa fue la nochevieja del mismo 1420, esa sí que fue buena juerga. Empezaron asaltando la casa de los Lazcano. Juan López de Lazcano se salvó huyendo en camisón y pasando el río a nado. Como no pudieron darle muerte, se vengaron en su hermano de doce años, que murió en brazos de su madre. A la madre, eso sí, la respetaron. Que en el fondo eran unos caballeros. Después fueron a destruir más casas enemigas, pero Juan de Yarza, advertido por Juan López de Lazcano, les hizo una emboscada y les mató a la nada desdeñable cifra de ciento cincuenta hombres. Eufóricos por el triunfo, se dirigieron a Balda y quemaron la casa fuerte. Si es que, ya no se celebran nocheviejas como las de antes.

El hecho de que alguien fuera hecho prisionero no era motivo para que se le respetara la vida. Así le sucedió al desgraciado Sancho de Arbolancha “estando preso le cortó la cabeza Gómez González con un cuchillo pequeño que traía”.

Eran tiempos duros donde las casas debían dejar clara su fortaleza. No había lugar para lemas del tipo “se acerca el invierno” u “oye mi rugido”. Las versiones cañís eran más directas, como el lema de la casa Mújica “A dentelladas con el enemigo”. Por otra parte, había familias como los Butrón a las que les adjudicaron otros lemas no tan elogiosos. Eran estos tan famosos por sus treguas traicionadas que decíase “En las treguas de Butrón, no te quites el Lorigón”

Se podría hablar más y más sobre los banderizos vascos y sus correrías, como el gran incendio que provocaron en la Villa de Mondragón que destruyó por completo la ciudad. Y lo sucedido cuando la monarquía, apoyada en sus cañones, empezó a intentar extender su autoridad sobre la región. Pero creo que ya ha sido suficiente para mostrar un cuadro de la violenta nobleza bajo medieval y como Martin, en un mundo de fantasía, nos ha reflejado un pedazo de nuestra historia.

Jueves, 10 de Agosto de 2006 13:35 

Comentarios

Autor: kovak

odio a los tipicos chuletillas de clase que sacaban a relucir lo buen estudiantes que eran y lo bien que les habia colocado su mama la ropa…. MATEMOS AL TIBERIO MATEMOSLE

Fecha: 11/08/2006 02:17.


Autor: Tiberio

Bueno, yo siempre he ido a clase desaliñado y siempre he sido un estudiante mediocre :D.

De todas formas, creo que es interesante sacar el tema. Que actitud más española la que hemos tenido un poco todos en clase, intentando endiosar la mediocridad y aislando y atacando a todo aquel que parezca sobresalir. ¿No es cierto?

Fecha: 11/08/2006 11:10.

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