Posteado por: Tiberio | 15 octubre 2006

Hearst, el hombre en que se basó Ciudadano Kane (y 5)

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Hearst era ya en 1896 dueño de gran cantidad de revistas y periódicos a lo largo y ancho del país. Ese año decidió empezar a utilizar su capacidad de influencia a favor del partido demócrata, apoyando a Bryan contra MacKinley. Pero le resultaba difícil a un millonario amigo de las extravagancias aparecer, como pretendía, como defensor de los más desfavorecidos. Nunca encontró Hearst su hueco político, para los republicanos era un socialista. Para los democratas un demagogo. Y para la extrema izquierda, un hipócrita.En las elecciones de 1900, Hearst volvió a apoyar a Bryan contra MacKinley con toda su prensa, echando toda la carne en el asador. La campaña fue la más virulenta que jamás había existido en EEUU y no había apelativo ni insulto excesivo contra MacKinley. Se llegó a la incitación al atentado… y este se produjo.

Un anarquista disparó y mató al presidente, y todo el mundo apuntó su dedo hacia Hearst. Las masas amotinadas quemaban sus diarios y sus retratos. Y el nuevo presidente, Theodore Roosevelt, condenaría “los excesos de cierta persona que apela a los más bajos instintos”.

Pero Hearst no iba a darse por vencido. En 1902, tras una fastuosa campaña, consiguió su escaño de senador. Pero como tal no haría nada relevante, la política en el fondo le aburría.

En 1908 intentó hacerse con la alcaldía de Nueva York, fundando un nuevo aprtido para ello. Pero democratas y republicanos hicieron alianza contra él y consiguieron derrotarle en una de las elecciones más fraudulentas de la historia de los EEUU.

Hearst por su parte ha madurado su imagen. Ahora pretende ser un hombre respetable, sus amoríos con las dos hermanas Wilson (uno de sus mayores frenos en un país que no tolera la libertad sexual en sus políticos) se resolvieron casándose con Millicent Wilson, 21 años más joven que él. Hasta sus periódicos se han vuelto más sobrios y hasta las noticias más morbosas parecen revestidas de uan cierta moralina puritana.

El mismo 1908 Hearst vuelve al partido demócrata. Pero en las nuevas elecciones al Senado, Hearst pierde su acta y se ve obligado a volver a la posición de valedor en la sombra. Esta vez Bryan es el agraciado.

Pero nuevamente Thedore Roosevelt se cruza en su camino y en un famoso discurso destruye todos los argumentos de Hearst y sus periódicos. Hearst, furioso, utiliza el último as de su manda. Unas cartas que había comprado a unos ladrones en las que el vicepresidente de la Standard Oil que demostraban que este había pagado 30.000 dólares a un senado republicano a cambio de su oposición a las leyes antitrust.

El escándalo se vuelve contra Hearst cuando se descubre la forma como había conseguido las cartas. El candidato republicano fue elegido presidente. Pero Hearst todavía no se veía vencido, y la coyuntura estaba apunto de cambiar radicalmente con el inicio de la guerra europea.

Martes, 22 de Agosto de 2006 12:05

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