Posteado por: Tiberio | 15 octubre 2006

Azaña y la derecha actual

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Por azares del destino, han caído en mis manos varios libros de Manuel Azaña y, poco a poco, pretendo darles el homenaje que se merecen.

 

Lo primero que he leído es un recopilatorio de discursos suyos en dos tomos con el sugerente título En el poder y en la oposición (1932-1934). Desgraciadamente, fue publicado en junio de 1934, con lo que, lógicamente, no aparece ninguna referencia a lo sucedido en octubre de tal año. Una pena.

 

Su lectura es muy interesante en estos tiempos en los que la derecha pretende reescribir la historia (para ser más exactos, volver a escribirla como se escribía en los años 50). Frente a los que nos hablan de una República comunista, totalitaria y gobernada por fanáticos vemos que existían otros españoles que sinceramente pretendían gobernar mediante un régimen democrático. En sus discursos descubrimos un Azaña de una gran generosidad democrática, que muy pocas veces pierde la paciencia ante los ataques de sus rivales, a veces muy duros, y que se ve constantemente obligado a realizar una labor de didáctica democrática.

 

Contrasta duramente la figura de un Azaña humilde, contemporizador y fiel a sus ideales con otras figuras como la de Lerroux, republicano y ateo capaz de aliarse con los católicos monárquicos con tal de alcanzar el poder.

 

No me resisto a copiar algunos fragmentos que me parecen especialmente memorables, y de una actualidad insospechada. Han pasado muchas décadas, y hoy vivimos tiempos mucho mejores. Pero la esencia de la izquierda, y la esencia de la derecha, en el fondo, son las mismas. Así, por ejemplo, ante el ascenso de los fascismos en toda Europa Azaña decía:

 

“Algunas personas, generalmente extranjeras, y algunos españoles, que parecen extranjeros por lo que ignoran de su país, me han preguntado muchas veces, estando yo en el gobierno: Pero ante esta situación del mundo, cuando todo perece en Europa, cuando la civilización naufraga, cuando todos los países se asen desesperadamente a la tabla de salvación que más cerca tienen, ¿cómo se atreven ustedes a intentar esta experiencia aventurada de la República liberal y parlamentaria, cómo se atreven a dar rienda suelta al pueblo español para que él se buque políticamente la vida, si vale expresarse así? Y muchos de estos españoles se acogían de buen grado y hasta con entusiasmo a la solución de la brutalidad, porque ésta les permite abolir la inteligencia, que les es penosa cuando no les es contraria.” (Madrid, 16 de octubre de 1933)

 

 

Al respecto de una ley de Incompatibilidades, destinada a reducir la corrupción, vemos una curiosa reacción de la derecha, obsesionada por acusar de corruptelas a las izquierdas mientras se cubre las espaldas:

 

 “Porque hasta ahora el único proyecto de alguna consideración de que tengo noticia, que no sea una iniciación o una satisfacción a las derechas, es un proyecto que no estaba en el programa del partido radical, ciertamente; es el proyecto de derogación de la ley de Incompatibilidades, que, como vosotros recordáis, fue un proyecto de mi Gobierno, que tardó mucho tiempo en discutirse por circunstancias accidentales del Parlamento. Por cierto que los radicales estuvieron vociferando contra nosotros porque nos e aprobaba y se llamaba a la mayoría esa cosa tan fea: ¡Enchufistas! Se aprobó el proyecto, imponiéndose aquella mayoría memorable un sacrificio como no eh visto aún camino de que se repita, y en cuanto se abre otro Parlamento, el partido radical va a derogar la ley, la misma ley por que clamaba hace pocos meses, menos de un año. Debo decir, entre paréntesis, que a mí esta derogación de incompatibilidades, aunque no estaba en el programa del partido radical, no me sorprende; la esperaba.” (Madrid, 11 de febrero de 1934)

 

 

Otra cuestión, que desgraciadamente, no parece ser cosa del pasado. La cuestión del orden público, que entonces era principalmente un problema revolucionario anarco-comunista y, hoy, tiene su peor cara en ETA. Como aclaración decir que la persona a la que hace referencia Azaña al final es Prieto, diputado por el PSOE.

 

“En España, la política, y sobre todo la función de gobierno, se suele reducir, con excesiva facilidad y frecuencia, a mantener el orden público. La falta de cabezas claras –sobre todo la falta de cabezas bien amuebladas-. La falta de ideas generales de miras elevadas, de propósitos creadores, suele convertir a los Gobiernos españoles – a todos los Gobiernos monárquicos; yo esperaba que eso no ocurriese con ningún Gobierno republicano- en unos gendarmes del orden público; su preocupación es exclusivamente el orden público, y a la inversa. Las cuestiones de orden público, el más pequeño motín, el desorden más insignificante, suele tomar en España, por ese mismo vacío doctrinal de la política, una importancia desusada y desproporcionada con su valor real, y vemos a muchos Gobiernos, y estamos viendo al actual, que no tienen, delante de cuestiones políticas, más que esta preocupación, que es la preocupación del sereno: que no se haga ruido en la calle. Esa es la posición del Gobierno delante de esta magna cuestión.

  Yo he presenciado la sesión del Parlamento del miércoles pasado. ¡Qué espectáculo! Hemos visto allí una escena patética; hemos visto a un hombre atenazado por las preocupaciones más graves, más dolorosas, más vivas en su sensibilidad de socialista, de republicano y de español; le hemos visto destrozado por su lucha interna de conciencia; le hemos visto clamar ante el Parlamento entero por una solución de justicia, por un camino; le hemos visto llamar al Gobierno al cumplimiento de sus obligaciones, y delante de este espectáculo conmovedor, tremendo, ¿sabéis lo que hacía la mayoría? Se reía.” (Madrid, 11 de febrero de 1934)

 

Por último, un párrafo que muchos nos gustaría fuera enseñado en las escuelas 🙂

 

“Para mí la República es el único régimen nacional posible para el pueblo español, lo es por el anverso y por el reverso, por lo que trae y por lo que quita, por lo que produce y por lo que destruye. Nos aleja la política dinástica, nos aleja el despotismo, impide las confabulaciones clandestinas en contra del interés nacional y además abre los caminos a la vida libre, espontánea, progresiva, de todo el pueblo español. No es posible en España otro régimen que la República, y todo lo que vaya contra el régimen republicano va contra el interés nacional. Hay que defender la República en nombre del interés nacional, en nombre de la patria republicana; la patria es republicana, y no es más que republicana.” (Madrid, 3 de abril de 1934)

Miércoles, 05 de Julio de 2006 13:05

 

 

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