Posteado por: Tiberio | 14 octubre 2006

Las mil y una noches

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Bueno, ha costado (por su longitud) pero al fin me he leído las mil y una noches :). Impresionante, no puedo decir otra cosa, es impresionante. Por una parte recuerda a la literatura medieval europea, con su omnipresencia divina y toda su ingenuidad. Pero luego te encuentras con una presencia constante del erotismo. Un erotismo ingenuo, casi me atrevería a decir que infantil, pero erotismo al fin y al cabo. Y la presencia constante del amor. Creo que todas las historias son de amor.

Pero lo que resulta sorprendente en una obra tan antigua es su increíble riqueza. Resulta fascinante leer tantas y tantas metáforas, referidas una y otra vez a lo mismo y, sin embargo, siempre maravillosas. Son capaces de pasarse párrafos enteros describiendo lo mismo sin dar la más mínima muestra de agotamiento. A mi que me cuesta encontrar metáforas sorprendentes, me abochorna leer algo como esto (referido a una noche de bodas):

“Entonces di cima a la obra para la que se me había requerido y a la tarea que se me pedía. Vencí lo hasta entonces perteneció al dominio de lo invencible, abatí lo que estaba por abatir, arrebaté lo que estaba por arrebatar, tomé lo que pude, di lo que era necesario, me levanté y me eché, cargué y descargué, clavé y forcé, llené y barrené, reforcé, excité, apreté, derribé, avancé, recomencé, todo de tal manera, ¡oh mi señor!, que aquella noche, el que tú sabes, fue en verdad el gallardo, el ariete, el herrador, el vencedor, el rompedor, el hierro, el abridor, el frotador, el irresistible, el bastón de derviche, el útil y prodigioso, la espada del guerrero, el explorador infatigable, de los estremecimientos, el padre de las delicias, el padre con turbante, el padre de la cabeza calva, el padre de los estremecimientos, el padre de las delicias, el padre de los terrores, el gallo sin cresta ni voz, el hijo de su padre, la herencia del pobre, el músculo caprichoso y el grueso nervio dulce. Y creo, señor, que aquella noche cada uno de los apodos tuvo su justificación, cada cualidad su prueba y cada atributo su demostración.”

 

En estos días, mientras lugares como Bagdad, Bassora o Kabul están en llamas, es interesante descubrir un tiempo en el que el Tigris y el Eufrates regaban las tierras de las maravillas. Un pueblo que es capaz de crear una colección de cuentos como esta, merece un destino mejor.

Martes, 23 de Mayo de 2006 20:26

 

 

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